Recapitulando y ando


Se leía en los libros de la escuela que Colón navegaba hacia las indias cuando topó con América. O que Fleming descubrió la penicilina por accidente. Tanto si se trata de anécdotas verdaderas o distorsionadas, estos dos ejemplos nos hablan de la importancia de cierto azar en nuestras vidas. Como veis, no solo nuestros cuerpos son organismos vivos, también lo son –por suerte- nuestros actos, nuestras ideas o nuestros planteamientos.

Y ganas de vivir es precisamente lo que desborda Igual Arte Film Project.

Este proyecto nació de la curiosidad por saber si un conjunto de personas con poca experiencia en el mundo audiovisual serían capaces de colaborar en la escritura, producción y rodaje de un cortometraje con un equipo profesional con varias obras a sus espaldas. Con este objetivo, iniciamos dos talleres; uno de desarrollo de guion y otro enfocado a adquirir desenvoltura en algunas tareas del apartado técnico de la grabación. Así dimos nuestros primeros pasos. Titubeantes y con sus caídas, como es de recibo. En un principio, nuestra metodología fue en cierto modo casera e improvisada. Eso sí, en el sentido positivo que tienen de acogedoras las casas y de libres los imprevistos. Basados en esta filosofía, para el taller de guion bosquejamos con nuestra mejor intención una serie de etapas por las que iríamos pasando –las podéis consultar aquí-. Gracias a la fortuita casualidad, fuimos lo suficientemente afortunados de que las cosas no saliesen como las planeamos.

Resumiendo, nuestra primera etapa en guion sí se produjo en relativa concordancia con nuestras intenciones. Charlamos de cine bastante, de amor y de algunas cosas trascendentes. Se habló de muchos temas; incluso de tantos que, quizás, se llegaron a estorbar unos a otros. Por este motivo, a lo mejor, nos demoramos demasiado en escoger una idea concreta sobre la que trabajar. Y digo “quizá” y “a lo mejor” porque puede que los temas no se estorbasen sino que se retroalimentasen; y que no nos demorásemos sino que tuviésemos paciencia. ¿Quién sabe? Los caminos de la creatividad son inescrutables y misteriosos.

Por otra parte, de cuando en vez, explicamos sencillos conceptos básicos a la hora de estructurar una historia –al menos según los cánones- : conflicto, personajes, final, etc. Entre relato y relato, las semanas fueron pasando sin que cada uno de los guionistas hubiese desarrollado -como habíamos pensado inicialmente- en profundidad una única historia. En cambio, todos nos fuimos poniendo a prueba y superando diversos retos. Desde ser capaces de escribir en clave de comedia hasta dialogar, pasando por llevar a buen puerto historias sacadas de noticias del periódico.

Ya se sabe, no obstante, que cuando nos embozamos la cara con las sábanas, dejamos al frío los pies. Siguiendo este método, desatendimos el trabajo en equipo; no enfatizamos lo suficiente la importancia de la discusión grupal con respecto a un argumento específico. Probablemente, la razón fuese que no habíamos encontrado un núcleo temático que entusiasmase a todo el equipo por igual. Esta ausencia nos llevó a que, en ocasiones, convirtiésemos el debate en una partida de pinball con 10 bolas de un lado para otro. Fue entonces cuando irrumpió de la nada una pelotita que dio en la diana activando la fibra sensible y creativa unánimemente.

Al fin hemos encontrado un tema que estamos puliéndolo para que crezca y se convierta en historia, en guion. En estos últimos días de viaje que nos quedan vamos a lanzar por la borda a bolígrafos y papeles; vamos a pensar, proponer, cuestionar e imaginar; a movernos sentados en una silla. Porque la única regla que marcamos al principio fue contar y escuchar.

Ahí estamos, ahora sí, en un punto que nos gusta estar. En nuestras extrañas indias cargados de penicilina.

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