Crónica de IAFP en un periódico inventado 4


Aprendida la lección del día anterior, hoy me encuentro en el lugar de recogida a las 07:50, diez minutos antes de lo acordado. Mientas aguardo la llegada del coche, repaso con calma las crónicas entregadas hasta la fecha. Me pregunto si realmente estaré logrando transmitir la esencia de un rodaje o, por el contrario, habré vuelto a utilizar un reportaje para hablar de mí mismo.

La segunda conclusión va ganando peso a medida que pasan los segundos. Y buscando una solución a este problema, Gonzalo y su cámara de fotos se cuelan en mi cabeza. Intento desentrañar sus motivos para usar el aparato como le había visto hacer ayer, procurando comprender qué le llevaba a ametrallar su objetivo con ráfagas tan intermitentes como inesperadas. Como de la nada, emerge en mí la certeza de que Gonzalo no disparaba con el corazón, pero tampoco con la cabeza. Simplemente disparaba, ya que cuanto menos la pensase, más limpia sería la fotografía; más cercana a la realidad y menos contaminada por otros factores de muy diferente nombre. Era una lógica semejante a la que, hace décadas, había llevado a muchos artistas a coger un lápiz y un folio en blanco para escribir sin rumbo fijo hasta que el propio subconsciente acabase eligiendo el destino adecuado. En la mayoría de las ocasiones, la osadía no iba más allá del garabato. Pero en muy contadas personalidades, el juego terminaba dando unos resultados que se aproximaban a una clase única de sinceridad. Y yo, habiendo tenido la oportunidad de husmear sus fotografías, sé que con Gonzalo me encuentro ante una de estas excepciones. Pero, volviendo a mi caso, ¿será esta estrategia aplicable a mi cometido?, ¿no requerirá un reportaje algo más de reflexión?, ¿es posible alcanzar la objetividad en periodismo a través de arbitrarias pinceladas, aparentemente inconexas? Probémoslo, al menos.

Son las 08:20. Llevo esperando 30 minutos. El coche llega 20 minutos tarde. Nadie dice nada. El ayudante de dirección me recibe con dos suaves palmadas en el muslo. Dentro hay otras 3 personas, bostezando. El director, el jefe de sonido (y conductor) y el director de fotografía. Nadie habla. Algunos luchan con éxito por mantener los párpados abiertos. El director me ofrece un trago de café de su termo. El director de fotografía lía, en silencio, sus dos últimos cigarrillos y entrega uno al director. El jefe de sonido pregunta si queda algo de tabaco obteniendo una negativa. Pero antes de que el director tenga tiempo de encender su pitillo, el director de fotografía lo reclama de vuelta. Deshace los dos cigarrillos en la mano para, tras dividir equitativamente las hebras, crear un cigarrillo extra y repartir así los tres resultantes. Comienzan a fuma, solo abriendo la boca para expeler el humo. El ayudante de dirección, tras llamarme por otro nombre, me pregunta si quiero un chicle. Acepto. El jefe de sonido pone la radio. El director, sube el volumen, y comienza a tamborilear en el salpicadero.

IFEVI a las 12:00. En el set de rodaje, entre otros muchos, hay unas 10 personas vestidas completamente de blanco sentadas en 10 respectivas sillas. Llevan media hora en sus asientos. Algunos conversan en voz baja. Alguien les llama la atención. “Silencio”, piden por favor. La gran mayoría sustituye el entretenimiento del diálogo por unas piezas de fruta situadas en frente de sus posiciones. Mientras comen, no se pierden ni por un segundo los entresijos del cine, que se descubren ante ellos. Siguen sigilosamente con sus teléfonos los movimientos de Celso Bugallo y Javier Gutiérrez.

Gonzalo bombardea con su cámara la carrera que Aitor, uno de los ayudantes de sonido, realiza camino de los servicios. Son las 12:36.

Son las 12:57. Uno de los 10 figurantes vestidos de blanco, anciano, aprovecha un descanso para acercarse con su teléfono en la mano a Javier Gutiérrez. Antes de que alcance su objetivo, el hombre de pelo blanco es interceptado por el ayudante de dirección con un grito. “¡No! ¡Abuelo, vuelvo a tú sitio y espera a que te llamen!” Javi decide acercarse al abuelo del ayudante de dirección, quien permanece inmóvil, y se saca una foto con él.

Gonzalo eleva al infinito un abrazo entre Celso Bugallo y Laura Faro, una de las guionistas.

Son las 13:30. La mitad de los 10 figurantes se levanta para estirar las piernas, y dar unos pasos alrededor de la silla. Con este movimiento se pierden alguna de las tomas conjuntas de Javi y Celso, aunque ninguno parece preocuparse ya por esto. De los que permanecen sentados, la mayoría sigue interactuando con sus móviles, pero esta vez ya no se molestan en sacar fotografías.

Son las 13:35. El ayudante de dirección apremia a los 10 figurantes para que se coloquen en una nueva posición. “Apagad los móviles, id en silencio y seguid mis órdenes. Os toca grabar.”, susurra. Los 10 intérpretes temporales se sitúan detrás de los 2 actores profesionales, formando una fila.

14:25. El director grita corten. Los 10 figurantes continúan en el mismo lugar desde hace 50 minutos. Nada más escuchar la palabra corten, 2 figurantes se sientan en el suelo. Dos maquilladores se acercan a Javi y Celso para corregir algunos brillos de sus rostros. Uno de los 8 figurantes que permanecen de pie se seca el sudor de la frente con un pañuelo de seda.

A las 14:40 se produce el descanso para la comida. Los 10 figurantes recogen sus pertenencias, y se disponen a abandonar el lugar. Todo el equipo les aplaude, durante 4 segundos. Acto seguido, todos los que permanecen en el set se acercan a la mesa con la comida.

14:50. El segundo plato del catering es jamón asado con patatas. Ninguno miembro del set acepta más de una pieza de carne en su plato hasta que todos están servidos. Al terminar, algunos se acercan para repetir con un segundo pedazo de cerdo sobrante.

A las 16:39 casi 30 personas aguardan a las afueras del IFEVI vestidos de blanco.

A las 16:55 casi 35 personas esperan en el vestíbulo del IFEVI vestidos de blanco.

A las 17:10 casi 40 personas se mantienen de pie en el set de rodaje en el interior del IFEVI vestidos de blanco.

Son las 17:40 y casi 40 personas hacen fila detrás de Javi Gutiérrez para rodar una escena con casi 40 figurantes.

Son las 19:00 y 8 personas hacen fila delante de Javi Gutiérrez con el teléfono móvil en sus manos para sacarse una foto.

A las 19:45 todo el mundo comienza a recoger. Gonzalo me apunta con su cámara. Sostiene su Canon durante 15 segundos. Sin haber efectuado ningún disparo, la vuelve a bajar. Me mira una vez más, se da la vuelta y se va.

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