Opinión sobre la psicología de grado y su práctica artística


Opinión sobre la psicología de grado y su práctica artística

En la psicología, como en todas las ciencias, existen multitud de formas de abordar un mismo problema: desde las distintas terapias como la sistémica o la psicoanalítica, hasta las diferentes técnicas dentro de cada una de las terapias y las propias de cada psicólogo. Estas pueden ser mas o menos intrusivas y adaptadas a cada sujeto como sucede en tratamientos cognitivo-conductuales en los que se incluyen técnicas de relajación y técnicas cognitivas como el entrenamiento de la atención o técnicas de escritura y lectura.

Estas técnicas parten, mayoritariamente, del mismo lugar: una evaluación psicológica con su correspondiente diagnóstico que se basa en las clasificaciones de manuales como el CIE o el DSM, en los que según los síntomas la previa evaluación alcanzará un diagnóstico u otro.
Los diagnósticos como, por ejemplo, el trastorno de espectro autista (TEA), incluido dentro de los trastornos del neurodesarrollo, presentan una serie de criterios que han de cumplirse:

• Las deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos como son un acercamiento social anormal y un fracaso en la conversación y en contextos sociales, una disminución de intereses y emociones compartidas, una comunicación verbal y no verbal poco integrada incluyendo anomalías del contacto visual y corporal.
• Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento como la estereotipia, la monotonía e inflexibilidad de rutinas y patrones, una hiper- o hiporreactividad a aspectos sensoriales del entorno, como puede ser sonidos, texturas o luces y su movimiento.

A medida que la evaluación del sujeto va avanzando y se va confirmando el diagnóstico, estas características se van señalando como en una lista, categorizando a un sujeto, o un niño en el caso del TEA, un trastorno que presentará al sujeto en la mayoría de las situaciones.

En mi opinión, esta categorización en forma de lista es una forma muy cerrada y brusca de calificar a cualquier persona, y que desde una perspectiva de estudiante que no ha visto ningún caso, crea una imagen irreal y cuadriculada de cualquier síndrome o trastorno, esperando que aparezcan casos extremos en los que no vas a saber cómo relacionarte de forma correcta con los sujetos.
Cuando comencé a trabajar yo llegué con estos temores: ¿Como me puedo relacionar con ellos? ¿Me van a comprender? ¿Qué se puede hacer con ellos?

Poco a poco fui observando las diferentes formas que tenían las profesoras de tratar con ellos e impartir las clases; pude ver que las rutinas y las clases guiadas, de una actividad a otra ya pautada, funcionaban bien, pues los chicos se aprendían perfectamente estas rutinas de juegos e iban de una a otra de forma automatizada; esto no es algo negativo,

pues ellos se divertían. Si en algún momento alguna de estas actividades no funcionaba siempre se podía cambiar por otra que prefiriera la mayoría, adaptándonos así a sus gustos. En esos momentos me daba cuenta de que los prejuicios que tenía debidos al conocimiento teórico no existían, ya que divertirse y jugar es igual para todos y, gracias a esto, cualquier tipo de barrera en la comunicación podría llegar a difuminarse.

Posteriormente las clases cambiaron, desapareciendo esas clases rutinarias y guiadas y apareciendo otras libres e improvisadas. Al principio era confuso, al romperse la rutina muchos chicos no entendían que pasaba, pero poco a poco fuimos observando la diferencia que estas clases suponían para ellos. Esta improvisación creó un clima nuevo y mucho mas cooperativo entre ellos: ahora en las clases de baile podemos estar todos bailando en el suelo, entremezclándonos y comunicándonos para jugar. Si hay algo que no funciona son los mismos chicos los que lo cambian a algo que les guste. Además, a nivel plástico y musical la expresión libre ha hecho que ellos mismos busquen los estímulos auditivos y hápticos que prefieren, consiguiendo que pasen un buen rato en las clases experimentando con diferentes tipos de texturas y vibraciones.

Por tanto, cada uno en las diferentes clases experimenta con lo que mas le gusta, muchos en pintura pueden estar dibujando arcoíris asombrosos y al lado pueden estar exprimiendo con la plastilina entre sus dedos; en las clases de baile se puede bailar bachata o bien bailar por el suelo con pelotas mientras otros escuchan en el suelo sus vibraciones; en música la atención se centra al sonar el piano mientras todos tocan algún instrumento.

En muchas clases se les deja todo el material a su alcance para que ellos lo distribuyan y creen sus propios juegos. De esta forma trabajan ese libre albedrio que a veces tanto les cuesta, forzándose a comunicarse con sus compañeros. Gracias a esto, muchos de ellos desarrollan una capacidad artística increíble que nos deja muchas veces asombrados con su forma de ver la pintura, la danza o la música, tanto por sus creaciones como por su interés y entusiasmo.

Observar todo esto hace que los esquemas teóricos de los estudios de psicología con los que llegué se rompan por completo. Los chavales son capaces de hacerlo todo, quizás no de la misma forma que yo hubiera previsto, pero consiguiendo igualmente los objetivos. La motivación, gracias a la improvisación que existe en las clases, se ha convertido en su arma mas poderosa para conseguir pasar un buen rato con sus compañeros y profesores.

Esto me hace reflexionar lo cerrada y discriminativa que es la psicología más categórica y el poco conocimiento práctico que existe en los estudios del grado: todas esas deficiencias o patrones negativos que se observan en el diagnóstico hacen que creas en la existencia de una discapacidad general e incapacitante en la mayoría de casos, cuando al ver a cualquiera de estos chicos ves una cantidad de energía y predisposición increíble, lista para ser aprovechada y exprimida en todo lo que puedas imaginar y, aún más importante, en todo lo que ellos puedan imaginar. Seguir unas pautas o guías cerradas a la hora de dar una clase o realizar cualquier actividad funciona genial, pues ese orden y rutina ellos lo tienen fijado en la mente a la perfección; en el momento en el que rompes esa guía y les das libertad, experimentan y se divierten, paradójicamente de forma meticulosa y guiada, pero con una realización sorprendente y sin ningún tipo de autocensura. Con esto aprendí que, además de cualquier tipo de terapia psicológica estándar para su mejora de la comunicación o de la atención, la expresión y fomento de lo artístico es fundamental, no solo para que puedan expresarse, divertirse y hacer amigos, si no también para su desarrollar su imaginación y motivación, derivando en una mejora en su comunicación grupal y experimentación con el mundo.

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